Las palabras del Apóstol Pablo en 2 Timoteo 3:1 nos alertan sobre la llegada de tiempos peligrosos, caracterizados por el desenfreno emocional y un carácter que no se somete a la Palabra de Dios.
En la sociedad actual, nos encontramos inmersos en un mundo lleno de violencia, crueldad y deshumanización, donde la verdad se ve amenazada por enemigos ocultos. En estos tiempos, prevalecen actitudes egoístas, egocentrismo, orgullo, avaricia, arrogancia y desobediencia. Se manifiestan actitudes blasfemas, desobedientes, ingratos, impíos, sin amor natural y llenos de engaño.
La sociedad contemporánea se caracteriza por su implacabilidad, calumnias, intemperancia, crueldad y una aversión hacia lo bueno. La traición, el egoísmo y la vanidad gobiernan las relaciones interpersonales.
Esta realidad nos insta a ser selectivos en nuestras amistades, evitando relacionarnos con aquellos que promueven valores contrarios a los principios de Dios. Nuestro círculo social puede influir en nuestras creencias y valores, por lo que debemos ser sabios en nuestra elección de amistades.
Es fundamental reconocer que todos, en algún momento, hemos caído en actitudes similares. Por eso, necesitamos el nuevo nacimiento en Jesucristo, aceptándolo como nuestro Señor y Salvador. De esta manera, podemos abandonar esas conductas y pedirle a Jesús que nos purifique con su preciosa sangre.
Ante esta situación, Pablo nos aconseja alejarnos de aquellos que adoptan dichos comportamientos, ya que pueden influenciarnos negativamente. Debemos ser prudentes en la selección de nuestras amistades, para proteger nuestras mentes y mantenernos fieles a los valores divinos.
Es importante asistir regularmente a la congregación, donde recibimos alimento espiritual, formación, unidad con el Espíritu Santo y un sentido de pertenencia a la familia de Dios. Aquí aprendemos a utilizar las armas espirituales necesarias para enfrentar un mundo natural, aunque perverso, que está bajo la influencia del mal.
Hebreos 10:19 nos insta a mantener nuestra asistencia a la congregación, ya que es un lugar donde nos acercamos a Dios con corazones sinceros, purificados y con plena certeza de fe. En este entorno, podemos estimularnos al amor y las buenas obras, siguiendo la exhortación de Hebreos 10:24.
Además, es esencial edificarnos y formarnos con la Biblia. La Palabra de Dios nos purifica y nos ilumina en nuestro camino, como afirma Salmo 119:105. Conocer la verdad nos hará libres, como nos enseña Juan 8:32.
Compartir nuestra fe con otros, tal como nos insta Lucas 8:39, nos permite ser testigos de las grandes obras de Dios en nuestras vidas. También debemos seguir la guía de nuestros pastores, como lo aconseja Hebreos 13:17, para que cuiden de nuestras almas y nos ayuden a crecer en la fe.
Finalmente, debemos rodearnos de amistades cristianas, siguiendo el consejo de Proverbios 13:20 y 1 Corintios 15:33, ya que las compañías influyen en nuestras costumbres y crecimiento espiritual.
Que estos consejos nos guíen en estos tiempos peligrosos, fortaleciendo nuestra fe y manteniéndonos fieles a los principios de Dios.

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