Pedro y Cornelio
En Hechos 10, encontramos la fascinante historia de Cornelio, un hombre piadoso y temeroso de Dios. Él era un centurión Romano, capitán de cien soldados del Regimiento Italiano. Cornelio y todos los de su casa amaban y adoraban a Dios, ayudaban mucho a los judíos pobres, y siempre oraban a Dios.
Un día, a eso de las tres de la tarde, tuvo una visión. Vio que un ángel de Dios llegaba a donde él estaba y lo llamaba por su nombre. Aunque sintió miedo, miró fijamente al ángel y le respondió: «¿Qué desea mi Señor?». El ángel le dijo que Dios había escuchado sus oraciones y estaba contento con todo lo que hacía para ayudar a los pobres. Luego, le dio instrucciones: enviar a dos hombres al puerto de Jope para buscar a un hombre llamado Pedro.
Cornelio obedeció las instrucciones y envió a dos de sus sirvientes. Los hombres llegaron a la casa de Simón, donde estaba Pedro, y preguntaron por él. Pedro les recibió y les dijo que entraran en la casa y pasaran la noche allí.
Al amanecer, Pedro y algunos miembros de la iglesia del puerto de Jope salieron hacia la ciudad de Cornelio. Un día después llegaron y Cornelio los estaba esperando, junto con sus familiares y un grupo de sus mejores amigos, a quienes él había invitado.
Cuando Pedro llegó, Cornelio salió a recibirlo y con mucho respeto se arrodilló ante él. Pedro le dijo: «Levántate Cornelio, que no soy ningún dios». Se pusieron a conversar y entraron juntos en la casa. Allí Pedro encontró a toda la gente que se había reunido para recibirlo, y les dijo que Dios le había mostrado que no debía rechazar a nadie, sin importar su origen.
Cornelio le respondió que hace cuatro días se le había aparecido un hombre con ropa muy brillante, y le dijo que Dios había escuchado sus oraciones y había tomado en cuenta todo lo que había hecho para ayudar a los pobres.
Pedro entonces comprendió que para Dios todos somos iguales, y que Él ama a todos los que lo obedecen y hacen lo bueno, sin importar de qué país sean.
Pedro fue a llevar a Cornelio el mensaje de Jesús, el mismo mensaje que Dios enseñó a los israelitas, el mensaje de salvación. Les habló de cómo Jesús fue bautizado por Juan el Bautista en el río Jordán, y cómo cuando Jesús salió del agua, vio que el cielo se abría y que el Espíritu de Dios bajaba sobre él en forma de paloma. Entonces una voz que venía del cielo dijo: «Éste es mi Hijo amado. Yo lo amo mucho y estoy muy contento con él».
Pedro les dijo a sus compañeros que el Espíritu Santo había venido sobre todos los que estaban escuchando el mensaje, incluso sobre Cornelio y su familia, que no eran judíos. Asombrado, Pedro dijo: «Dios ha enviado el Espíritu Santo para dirigir la vida de gente de otras religiones, así como nos lo envió a nosotros, los judíos. Ahora nadie puede impedir que también los bauticemos».
Pedro ordenó que todos fueran bautizados en el nombre de Jesús, el Mesías. Cornelio y su familia fueron la primera familia completa bautizada en el cristianismo en esa época.
Mateo 28:19-20 nos recuerda la importancia de bautizar a todos los creyentes y enseñarles a obedecer todo lo que Jesús ha mandado.

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